Un día en la vida de Darío Romero

Darío Romero es Arquitecto de UBA y especialista en Seguridad e Higiene. Trabaja en obras y consultoría de prevencionismo en VIDER, es profesor universitario en UBA y UP y da cursos de capacitación profesional en la Escuela de Gestión de la Cámara Argentina de la Construcción.

“ Se trata de trabajo, trabajo, trabajo y perseverancia.”

“La clave está en hacer lo que a uno le guste y dar lo máximo en todo momento.”

¿Qué camino educativo recorrió desde la secundaria hasta acá?

Mi formación fue de educación pública y opté por recibir una educación técnica. Me recibí en la secundaria de maestro mayor de obras (MMO) y luego hice la carrera de arquitectura. A los cinco años de recibido, realicé un posgrado de seguridad e higiene en la industria de la construcción, por un tema laboral y otro de vocación en cuanto al prevencionismo. Esta cuestión de la vocación se sumó a la cuestión técnica. El camino de continuidad lo tuve desde que soy MMO. Este título te permite construir hasta cierta limitación volumétrica y allí comenzó a evolucionar naturalmente durante la carrera de arquitectura que, por cierto, al principio no me emocionaba tanto por los contenidos debido a que ya los había visto como formación técnica. De hecho, hay cosas de esta formación, que no las vi más a lo largo del estudio universitario.

¿Cómo es un día en su trabajo?

Mi trabajo se divide en dos. Está la parte de construcción con proyecto, dirección y gerenciamiento de obras, y la parte sustancial que implica mi ejercicio es el ser asesor responsable de empresas a nivel de higiene y seguridad, en los ámbitos de prevencionismo e higienismo. De esta manera, llevo estos servicios a empresas y edificios de distintas escalas. Básicamente, buscamos bajar la cantidad de accidentes en las obras. Los servicios de seguridad tienen visitas obligatorias a las obras, así que, las recorro durante el día para realizar inspecciones, articular situaciones con los distintos roles profesionales, como el director, inspector, jefe y supervisor de obra, el representante técnico y el dueño de la empresa. Así, distingo las cuestiones de campo y de gabinete. El objetivo básico del prevencionista es tener el objetivo de la “visión cero”: cero incidentes, cero enfermedades profesionales y cero daños.

¿Cuál es su parte favorita en el trabajo?

Mi formación técnica hace que me guste la cancha, los fierros, los recursos de producción, materiales, mano de obra y equipos. Ese hacer es la parte más interesante porque, si está bien, ahí se quedará para mucho tiempo.

¿Por qué eligió trabajar en la construcción?

Cuando, en mi tercer año de secundaria, elegí la orientación construcciones, me daba la continuidad del trabajo. Al terminar, sabía que haría una carrera técnica, pero me encontré ante la decisión de cuál seguir. Mis opciones preferidas eran arquitectura, como continuidad, ingeniería naval o civil. A mí me gustaban las cosas de gran magnitud, que uno piensa “esto va a quedar por mucho tiempo y tendrá trascendencia”.

¿Qué le dirías a tu “yo” de 20 años?

Para terminar una carrera secundaria, hacés esfuerzos. Para una universitaria, hacés esfuerzos. Para un posgrado, hacés esfuerzos. El camino, es el camino del esfuerzo. En las carreras técnicas y artísticas. Como tiene su parte la arquitectura, a veces se piensa que la parte artística es cuestión de magia, de imaginación y de inventiva. La realidad es que se trata de trabajo, trabajo, trabajo y perseverancia. Uno sacrifica muchas cuestiones en términos personales para alcanzar una formación anhelada. A los veinte años, podés estar en una nebulosa en la que no sabés realmente si es eso lo que querés. Tenés una suerte de borrador de eso que querés, pero no sabés la posta. Y la posta te la da el tiempo.
Para lograr un objetivo, el camino es la constancia y la perseverancia. En el campo profesional es la formación, el camino universitario, el relacionamiento, el aprender de los otros y participar de espacios en los que tenés que reconocer que hay gente que sabe más que vos y tenés que escucharlo. A los veinte años, estás más para escuchar que para emitir supuestas verdades. Hay que reconocer las diversas formaciones.

¿Cuáles son sus planes de futuro en tu carrera?

Todo va hacia la especialización. Ya no existe el arquitecto designer “Christophersen” que viene y que ejerce arquitectura como hace cien años. Hoy existe el campo de la especialización dentro de una formación general. Hay que especializarse, es fundamental. En mi caso, la especialización, fue con un posgrado y profundizando lo aprendido, por cuestiones de trabajo y de vocación. En la seguridad e higiene, hay que tener una vocación marcada, que hace la diferencia en el trabajo del día a día. Siempre la especialización es, en satélite, de otros roles profesionales, por lo que uno se enriquece de personas que ejercen otras tareas y prácticas.

¿Qué le diría a alguien que quiere trabajar en la construcción?

Es un lugar maravilloso, es espectacular, está buenísimo, es muy divertido, muy variado y muy formativo. En la construcción, está todo el espectro de la pirámide social. En términos económicos, es muy rico porque uno maneja muchas cuestiones variables. Y en términos técnicos, uno logra la trascendencia. Si participás de una obra, quizás dentro de treinta años, vas caminando con tu hijo y le podés decir “mirá, este edificio lo hizo tu padre” y ponerte a pensar en todos los que te acompañaron, ya que no podés hacer nada sólo. Siempre es un esfuerzo colectivo. Todos los edificios se realizaron por trabajos en conjunto.

¿Tiene algún cable a tierra?

Cuando yo era joven, era la práctica del arte marcial Aikido y lo fue por más de quince años. Me sirvió mucho a nivel de formación. Hoy por hoy, no tengo tiempo para ir a un dojo. He elegido no tener ese tiempo porque he preferido especializarme seguir trabajando y formándome. Mi cable a tierra es mi hijo pequeño, que tiene dos años y es a quien le dedico mi tiempo. Los cables a tierra van fluctuando siempre para mejor.

¿Algo que quieras compartir que inspire a otros en su recorrido profesional?

En el recorrido profesional del arquitecto, del ingeniero y las ramas del ejercicio de la construcción, tenemos que trabajar con mucho ahínco, empeño y rigor. La formación se ha ido llevando a ser, en su gran mayoría sobre el diseño, dejando poco para el aprendizaje técnico. Y el ejercicio profesional y la evaluación que hace la sociedad sobre el desempeño de un ingeniero, las fallas que tenemos dentro de los manejos de contratos, de costos, de calidad, de plazos y de siniestralidad, todas son del área técnica. El desarrollo de la construcción, que es esperable de aquí a veinte años, requiere más trabajos vinculados con las cuestiones tecnológicas. La clave está en hacer lo que a uno le guste y dar lo máximo en todo momento.